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El Trauma Psíquico: Comprender sus Efectos, Clasificaciones y Huellas en la Vida Diaria

  • Foto del escritor: Marycruz Murillo Ramos
    Marycruz Murillo Ramos
  • 12 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

El trauma psíquico es una herida emocional profunda que deja marcas tanto en la mente como en el cuerpo. Se origina cuando una persona vive una experiencia abrumadora que supera su capacidad de afrontamiento, generando un estado de amenaza intensa, impotencia o terror. Estas experiencias, lejos de ser solo recuerdos, se almacenan en el sistema nervioso y pueden influir en la manera en que pensamos, sentimos y actuamos mucho tiempo después del evento.


Desde la psicología clínica, el trauma psíquico se define como una respuesta emocional y fisiológica ante un evento que desborda los recursos internos de la persona. No todos los eventos difíciles se convierten en trauma; lo que lo determina es el impacto subjetivo y la forma en que el sistema nervioso procesa y almacena la experiencia.


La CIE-11 (Organización Mundial de la Salud, 2019) clasifica el trauma dentro de los trastornos relacionados con el estrés, destacando el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) y el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C). Ambos surgen tras la exposición a eventos extremadamente amenazantes, aunque el complejo se asocia a traumas prolongados o repetitivos, como abuso infantil o violencia doméstica, con afectaciones más profundas en la identidad, las relaciones y la regulación emocional.


El DSM-5 (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013) también ubica el trauma en la categoría de Trastornos Relacionados con Traumas y Factores de Estrés, señalando síntomas como la reexperimentación, la evitación, las alteraciones en cogniciones y estado de ánimo, y la hipervigilancia.


Clasificación del trauma psíquico


Los especialistas han propuesto diversas formas de clasificar el trauma según su origen, duración e impacto:

  1. Trauma tipo I (único): provocado por un evento aislado y claramente identificable, como un accidente, un asalto o un desastre natural.

  2. Trauma tipo II (complejo o crónico): resultado de experiencias prolongadas de abuso, negligencia o violencia, especialmente durante la infancia.

  3. Trauma de desarrollo: ocurre durante etapas tempranas de la vida, afectando la formación del apego, la identidad y la regulación emocional.

  4. Trauma vicario o secundario: afecta a profesionales o personas expuestas indirectamente al sufrimiento ajeno (como terapeutas, médicos o rescatistas).

  5. Microtraumas acumulativos: pequeñas experiencias repetidas de desvalorización, humillación o estrés que, con el tiempo, impactan el equilibrio emocional.


El trauma desde la neuropsicología


La neuropsicología ha aportado una comprensión más profunda de cómo el trauma altera el funcionamiento del cerebro. Cuando se vive una experiencia traumática, se activa el sistema límbico, especialmente la amígdala, encargada de detectar el peligro. Al mismo tiempo, el hipocampo, responsable de procesar los recuerdos, puede verse inhibido por el exceso de cortisol (la hormona del estrés), lo que impide que el evento se archive como un recuerdo pasado.

Esto explica por qué las personas traumatizadas reviven constantemente la experiencia, tienen flashbacks o reacciones desproporcionadas ante estímulos que les recuerdan el suceso. Además, la corteza prefrontal, que regula la razón y el control emocional, puede desconectarse temporalmente, dificultando la toma de decisiones y la autorregulación.

Con el tiempo, estos cambios neurobiológicos pueden generar alteraciones en la atención, la memoria, el sueño, el estado de ánimo y las relaciones interpersonales.


Superar el trauma: del dolor a la integración.


El tratamiento del trauma psíquico requiere un enfoque cuidadoso y especializado. Terapias como la Cognitivo-Conductual enfocada en trauma, EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimiento Ocular), Neurofocalización y brainpotting, Terapia Narrativa Contextual, Sistémica o Neurofocalización han mostrado alta eficacia. El objetivo no es borrar el pasado, sino reprocesar la experiencia para que deje de gobernar el presente.

El acompañamiento psicológico brinda al paciente un espacio seguro para resignificar el evento, fortalecer sus recursos internos y recuperar el sentido de control sobre su vida.

En este aspecto siempre estoy para apoyarte y acompañarte hasta tu resignificación.

 
 
 

1 comentario

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Armando Fierro
19 oct 2025
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Muy cierto, los traumas son huellas profundas en los individuos que los experimentan

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