top of page

El eco del dolor: cómo el maltrato infantil deja huellas en la vida adulta

  • Foto del escritor: Marycruz Murillo Ramos
    Marycruz Murillo Ramos
  • 13 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Cuando la infancia duele


El maltrato infantil no solo ocurre en los hogares violentos o en las noticias que estremecen al país; a veces se esconde detrás de frases como “así me educaron a mí” o “fue por tu bien”. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la violencia emocional, física o sexual en la infancia deja marcas profundas que pueden perdurar por décadas, afectando la salud mental, las relaciones y la capacidad de confiar.


De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2023), más del 60% de los niños y niñas en México han experimentado algún tipo de disciplina violenta, ya sea castigo físico o agresión psicológica. Estas cifras reflejan una normalización del maltrato que, aunque muchas veces no se nombra, configura la base emocional de generaciones enteras.


¿Qué entendemos por maltrato infantil?


El maltrato infantil incluye cualquier acción —u omisión— que cause daño físico o emocional a un menor de edad. En México, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) lo clasifica en varias categorías:


  • Físico: golpes, empujones, quemaduras, castigos corporales.

  • Emocional: humillaciones, amenazas, rechazo o negligencia afectiva.

  • Sexual: cualquier acto que involucre a un menor en actividades sexuales inapropiadas.

  • Negligencia: abandono, falta de cuidado, desatención médica o educativa.


Lo más doloroso es que, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, INEGI 2021), 1 de cada 3 adultos mexicanos reporta haber sufrido algún tipo de violencia durante la infancia. Es decir, millones de adultos cargan heridas que, muchas veces, ni siquiera reconocen como tales.


Las huellas invisibles: consecuencias en la vida adulta.


Desde la psicología sistémica, entendemos que el maltrato no se limita a una experiencia individual: es un patrón relacional que se transmite de generación en generación. Lo que un niño aprende sobre el amor, el cuidado o el poder se convierte en el modelo con el que luego intentará relacionarse.


La investigación de Felitti y Anda (1998), conocida como el Estudio ACE (Adverse Childhood Experiences), encontró una relación directa entre experiencias adversas en la infancia y múltiples problemas en la vida adulta:


  • Mayor riesgo de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.

  • Tendencia a relaciones disfuncionales o violentas.

  • Problemas de adicciones, conductas autodestructivas y baja autoestima.

  • Incremento en enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión o enfermedades cardíacas.


En el contexto mexicano, un informe de la Secretaría de Salud (2022) destaca que los adultos con antecedentes de maltrato infantil tienen el doble de probabilidad de presentar depresión o consumo problemático de alcohol, y un 40% más de riesgo de replicar patrones de violencia en la crianza de sus hijos.


Causas y contexto: por qué ocurre

Las causas del maltrato infantil son complejas y multifactoriales. Desde la perspectiva sistémica, hablamos de interacciones circulares más que de culpables. Algunas variables frecuentes incluyen:


  • Estrés económico y sobrecarga parental.

  • Historia de violencia intergeneracional (padres que también fueron víctimas).

  • Ausencia de redes de apoyo o acompañamiento emocional.

  • Modelos culturales autoritarios, donde la obediencia se impone por miedo, no por comprensión.


La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) complementa esta mirada al enfocarse en las creencias disfuncionales aprendidas en la infancia, como:

“No valgo nada”, “si no obedezco, me abandonan”, “el amor duele”.

Estas creencias pueden guiar inconscientemente la conducta adulta, generando relaciones de dependencia o miedo al rechazo.


Sanar lo que no se nombró


La buena noticia es que sí es posible sanar. El cerebro tiene una extraordinaria capacidad de neuroplasticidad emocional, y la terapia ofrece un espacio donde el adulto puede reconstruir lo que el niño no tuvo: seguridad, validación y empatía.


En el proceso terapéutico trabajamos en tres niveles:

  1. Reconocer y validar el dolor. Nombrar la historia sin vergüenza.

  2. Identificar patrones repetitivos y creencias aprendidas.

  3. Construir nuevas narrativas personales, donde la infancia no determine el futuro.


Como diría la psicóloga Alice Miller (1980), “lo que fue aprendido en el dolor puede desaprenderse en la conciencia”. Sanar no borra lo vivido, pero permite que el pasado deje de dirigir el presente.


Un cierre con esperanza


El maltrato infantil no define a la persona, pero sí deja una huella que merece ser comprendida y atendida con compasión. Buscar ayuda psicológica no es un signo de debilidad, sino un acto profundo de valentía y amor propio. Cada vez que un adulto decide sanar, rompe una cadena y da paso a una nueva forma de relacionarse, consigo y con los demás.


Si reconoces en tu historia experiencias de maltrato…

Hablarlo puede ser el primer paso para sanar. En consulta trabajamos para que puedas reconstruir tu historia desde la comprensión y la fuerza, no desde la culpa.


Agenda una primera sesión de acompañamiento, será un gusto apoyarte.


 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page